LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL

El profesor John F. Walvoord, actual rector del Seminario Teológico de Dallas, puso a su libro Daniel el siguiente subtítulo: The Key to Prophetic Revelation (La Clave para la Revelación Profética). Y con mucha razón. Son muchos los lugares de la profecía de Daniel que apuntan con precisión a eventos escatológicos; algunos han sido mencionados ya; otros quedan aún por mencionar: pero ninguno tan relevante ni de precisión tan matemática como la famosa profecía de las setenta semanas (Dan. 9:24–27), cuyo análisis encaja perfectamente en esta cuarta parte del presente libro.

1. La oración de Daniel

En su maravillosa oración de Dan. 9:4–19, Daniel ruega a Dios que se apiade del pueblo en favor del cual ha obrado él tan grandes maravillas, de la ciudad santa, ahora desolada, y del santuario, también asolado, donde otrora resplandecía el rostro de YHWH tras la nube de la shekinah. Daniel había estudiado los escritos de Jeremías (v. Jer. 25:11–12; 29:10) y había calculado equivocadamente que los setenta años de que habló Dios por medio del profeta,26 estaban para terminarse, sin que hubiese señales de una inminente reconstrucción de la ciudad y del templo. De ahí, la angustia de su conmovedora plegaria.

La confusión del profeta aparece en Dan. 9:2: «… miré atentamente en los libros sagrados el número de los años de que habló YHWH al profeta Jeremías, que habían de cumplirse sobre las ruinas de Jerusalén: setenta años.» Al hacer el cómputo, Daniel sufrió una equivocación, pues contó a partir de la fecha en que Jerusalén y el rey Joaquín (también llamado Jeconías y Conías) había capitulado ante Nabucodonosor, rindiéndole vasallaje (605 a.C.), hasta la fecha en que él decía esto (538 a.C.), «en el año primero de Darío» (Babilonia había caído el año anterior). Sin embargo, la destrucción del templo y de la ciudad se llevó a cabo el año 586 a.C., con lo que el error de Daniel era de más de 18 años respecto del cómputo correcto.

2. La respuesta de Dios mediante el ángel Gabriel

Dios responde a Daniel antes de que éste termine su oración (vv. 20–21) y el ángel Gabriel viene a El «volando con presteza», para «ilustrar su inteligencia» (v. 22). Le urge a prestar atención con imperativos que implican urgencia y relevancia (v. 23 b). A continuación, le revela la profecía de las setenta semanas, que dice así:

«Setenta semanas están determinadas (hebr. nejtakh = han sido divididas) sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad para acabar con la rebelión (hebr. pésha, como en Is. 1:2) y poner fin a los pecados (hebr. uljatham jatot, juego de palabras, que expresa poner fin a algo que en sí es una barrera), y expiar la iniquidad (hebr. awón) y hacer que venga justicia eterna (lit. de eternidades), y sellar (= cerrar, el mismo verbo de antes: ulajtom) la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.27

»Sabe (pues) y entiende que desde la salida del decreto (hebr. dhabar, o davar = palabra) para restaurar y edificar a Jerusalén hasta un Mesías Príncipe (habrá) siete semanas y sesenta y dos semanas; volverá a ser edificada (la) plaza y (el) foso, pero (hebr. u = y) en angustia de tiempos.

»Y después de las sesenta y dos semanas será cortado (el) Mesías y no tendrá nada (lit. y nada para El);28 y destruirá la ciudad y el santuario (el) pueblo de un príncipe que viene; y su fin en un cataclismo y hasta (el) fin, guerra, decreto de desolaciones.29

»Y hará que prevalezca un pacto (hecho) a muchos (por) una (hebr. ’ejad = unidad de integración, como se ve por Gn. 2:24, y es aplicable a Dt. 6:4)30 semana, y a (la) mitad de la semana hará que cese el sacrificio y la ofrenda, y sobre el ala (del templo, es decir, el pináculo) (habrá) abominaciones de desolación (lit. horribles),31 hasta que la ruina decretada (lit. y hasta la consumación y—ésta—decretada) sea derramada sobre (el) desolador» (Dan. 9:24–27).

Con perdón por las explicaciones parentéticas, hemos querido poner la versión literal del pasaje, a causa de su singular importancia. Algunas observaciones son todavía necesarias:

A) Que las «semanas» de Daniel significan semanas de años, nadie lo discute. Dice R. D. Culver:

Esta interpretación era común en la antigüedad. Daniel había estado pensando en un múltiplo de «siete» de años (9:1, 2; cf. Jer. 25:11, 12). Sabía que ese múltiplo (setenta años) era un tiempo de juicio por los 490 años de sábados quebrantados (490 ÷ 7, = 70. V. 2.a Cr. 36:21). Además, había una común «semana» de años, que se usaba, tanto en recuentos civiles como religiosos (Lv. 25, especialmente v. 8). No sólo esto, sino que cuando se desea referirse a semanas de días (Dan. 10:2, 3), se añade el vocablo hebreo para «días» (yamim) al de «semanas» (shabuim)… y, lo más importante, si se quiere dar un sentido literal a las semanas, únicamente un período de semanas de años cumple las condiciones que requiere el contexto.32

B) La profecía tiene que ver con Israel y con Jerusalén únicamente. De ahí, la fuerza de la preposición hebrea al = sobre; como una carga que pesa sobre el pueblo judío: las pruebas, las tribulaciones, persecuciones, etc., por las que Israel tendrá que pasar hasta que venga su Gran Libertador que expíe sus pecados e introduzca la justicia en el nivel perfecto tantas veces anteriormente profetizado.

C) El decreto al que hace referenda el versículo 25 es, como todos los exegetas admiten, el de Artajerjes Longimano en el año 445 a.C., según queda registrado en Neh. 2:1 ss. Teniendo en cuenta que este decreto se dio en el mes de Nisán, y que los 483 años que cubren las primeras sesenta y nueve semanas de Daniel llegan exactamente, según el cómputo más probable, al año 30 de nuestra era—la fecha más probable para la muerte del Señor— se puede comprender mejor el lamento de Jesús en Lc. 19:41–44, especialmente la exclamación del versículo 42, donde está bien atestiguada la lectura: «¡Si conocieses tú, Y POR CIERTO EN ESTE TU DIA, lo que es para tu paz!» ¡EN AQUEL DOMINGO DE RAMOS, DIA 9 DEL MES DE NISAN, SE CUMPLIAN EXACTAMENTE LAS SESENTA Y NUEVE SEMANAS (483 años), TRAS LAS QUE EL MESIAS-PRINCIPE HABIA DE SER «CORTADO» DE SU PUEBLO! Si en aquel día, tras los «hosannas» de la entrada en Jerusalén, el pueblo judío hubiese aceptado a su Mesías, la nación entera habría vuelto a ser «el pueblo de su peculio y las ovejas de su prado» (Sal. 74:1; 79:13; 95:7; 100:3). Pero el pueblo, con sus jefes a la cabeza, le rechazó y lo entregó a los gentiles para crucificarlo (Hch. 2:23), aunque todo ello estaba determinado desde antes de la fundación del mundo (1.a P. 1:20).

D) El dato más importante de toda la porción y la clave para la correcta exégesis del pasaje es el fijar quién es el sujeto del verbo higbir, con el que comienza el versículo 27. La norma gramatical más elemental exige que el sujeto sea el antecedente más próximo, y ese antecedente no puede ser otro que «el príncipe» del versículo 26, como concede hasta un amilearista como Leupold.33 Se dice de él «que viene», porque ha sido introducido ya en el cap. 7 como el Anticristo. El verbo higbir es la forma Hiphil (causativa) del verbo gabar = prevalecer; por tanto, su significado no es confirmar un pacto ya existente, sino hacer que prevalezca o se concierte un nuevo pacto. Los «muchos» con quienes el príncipe venidero concertará un pacto son, de modo especial, los judíos, puesto que todo el contexto (véase vv. 24 y 27) trata de «tu pueblo ytu santa ciudad». ESTE PACTO NADIE LO HIZO TODAVIA. La rotura del pacto y la consumación de que habla el versículo 27 se comprende mejor a la luz de Ap. 13:4–7.34 Es evidente que el «pacto» será llevado a cabo entre el Anticristo y el pueblo de Israel, vuelto a su patria en los últimos días.35

3 ¿Es arbitrario admitir un largo lapso de tiempo entre las semanas 69.a y 70.a de Daniel?

Los amilenaristas consideran una arbitrariedad la interposición de un largo lapso de tiempo (más de 1950 años en este momento) entre la 69.a y la 70.a semanas de Daniel 9. Tras citar las notas de la Biblia Scofield a Da. 9:24–27, dice el profesor J. Grau:

Contrariamente a lo que imaginan algunos, la controversia dispensacional versa más sobre este paréntesis de la Iglesia que sobre ningún otro punto. Ni siquiera el milenio es lo característico de la escuela dispensacionalista. Hay premileniales que no son dispensacionalistas; casi siempre por la cuestión de la Iglesia. Como los hay que no son pretribulacionistas, es decir: no aceptan que la tribulación afecta sólo a judíos, sino a todo el pueblo de Dios. La doctrina dispensacional tiene consecuencias que afectan a un buen número de cuestiones, pues entraña una concepción propia de la Iglesia como «paréntesis» que es discutida por las otras escuelas de interpretación, así como dos venidas de Cristo al final de los tiempos (la Segunda Venida para buscar a los santos y la tercera con sus santos), en vez de una sola y única Segunda Venida.36

Y, más adelante, añade:

A todas luces, resulta totalmente injustificado separar la semana setenta de la semana sesenta y nueve por un intervalo que ya ahora es mayor que la totalidad de las sesenta y nueve semanas juntas… no hay ruptura entre las siete primeras semanas y las sesenta y dos por lo que se refiere a la duración del tiempo ininterrumpido. La ruptura es meramente semántica, es una manera de hablar típica de los hebreos… De manera parecida, no existe ruptura ni intervalo prolongado entre la semana sesenta y nueve y la setenta; pero el modo de hablar del texto bíblico señala el gran acontecimiento de los siglos: la aparición de Jesucristo.37

Antes de pasar a defender el punto de vista dispensacionalista sobre la 70.a semana de Daniel, deseo hacer algunas observaciones a los conceptos expresados por el profesor Grau:

1) La idea de la Iglesia como «paréntesis» es, en mi opinión, mal expuesta por algunos autores dispensacionalistas, y mal entendida por los amilenaristas. Está ligada, sin duda, al concepto de «Reino de Dios», del que trataremos más adelante.38

2) Los dispensacionalistas (al menos, los moderados) no admitimos dos segundas venidas del Señor, sino una sola, por cuanto, en el arrebatamiento, no será el Señor quien descienda a la tierra, sino la Iglesia la que será arrebatada «en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aire» (1.a Ts. 4:17). El verbo «áxei» del versículo 14 no significa literalmente «traerá», sino «conducirá»; y, aunque se habla de «descenso» y de «venida» («parousía») en los versículos 15 y 16, las circunstancias no son las mismas de Zac. 14; 2.a Ts. 2 y Ap. 19; y, una vez más, se ha de aplicar la regla de explicar los lugares oscuros mediante los claros, y no viceversa. A lo más, podemos hablar de una Segunda Venida en dos fases, teniendo en cuenta que «las bodas del Cordero» forman una unidad que se extiende desde el arrebatamiento hasta el final de la Gran Tribulación.

3) Separar la semana 70.a de las otras 69 no sólo no es injustificado, sino que está de acuerdo con todo el contexto de la profecía. Separaciones similares pueden verse en Sal. 22:22–23; 34:12–16 (comp. con 2.a P. 3:10–12); 110:1–2; Is. 61:2 (en un mismo v.); Dan. 2:43–44; 7:23–27; 8:24–25; 11:35–36; Os. 3:4–5; 5:15–6:1. El caso está, pues, justifìcado. Si no existiese tal paréntesis en cualquier lugar profético, no se podría hablar de cumplimiento literal de muchas profecías (contra las normas de una correcta hermenéutica), por cuanto los acontecimientos de muchas de ellas no se siguieron inmediatamente los unos a los otros.

4. La semana 70.a de Daniel 9:27 está por venir

Que la semana 70.a de Daniel es plenamente escatológica se prueba directamente por las siguientes razones:

(a) «Después de las sesenta y dos semanas» (v. 26) que siguen a las siete primeras, ocurren dos acontecimientos separados entre sí por unos 40 años: la muerte de Jesucristo y la destrucción de Jerusalén. Estos dos acontecimientos no caben en una sola semana de años. Luego si se admite un lapso de tiempo de 40 años no incluidos en una semana, no hay razón suficiente para descartar otro lapso mayor.

(b) Mt. 23:37–39 es posterior al relato de la entrada triunfal en Jerusalén, pero el versículo 39 habla de un rechazo que perdurará hasta la restauración del favor de Dios hacia el pueblo como tal (v. por ej., Zac. caps. 12–14; Ro. cap. 11). Pero, si la semana 70.a ya se ha cumplido, las bendiciones prometidas para ella se habrían cumplido también; lo cual no es cierto, teniendo en cuenta que todo el fragmento se refiere a Israel, no a la Iglesia.39

(c) La comparación con Mt. 24:9 ss.,40 nos da a entender que el Señor está colocando la semana 70.a de Daniel al final de los acontecimientos profetizados en dicha porción, es decir, en los años que preceden inmediatamente a su Segunda Venida. La comparación con Hch. 1:6–8 nos da a entender que queda por delante toda una era o «kairós» = sazón u oportunidad, que bien podría traducirse por «economía» o «dispensación».

5. La semana 70.a de Daniel constará de 7 años como las anteriores

Siendo las primeras 69 semanas de Daniel «semanas de años», no hay razón para negar que la 70.a semana será también una semana de siete años. La semana comienza por «un pacto»41 que, según vimos en el análisis de la profecía, será concertado por el príncipe venidero, que no es el Mesías. Además, los pactos del Señor con Israel son eternos, mientras que este pacto sólo durará tres años y medio—media semana de años—. Dice Pentecost:

Este pacto, que le garantizará a Israel la posesión de su tierra y la restauración de su autonomía religiosa y política, debe entenderse como un falso cumplimiento del Pacto abrahámico. Este pacto engañará a muchos en Israel, haciéndoles creer que este «hombre de pecado» es Dios (2.a Ts. 2:3). La proclamación de este falso pacto será la que indicará el comienzo de la septuagésima semana.42

26 Quizás, un número «redondo» y, por tanto, aproximado, según parece (véase, para toda esta lección, J. D. Pentecost, op. cit., pp. 184–192, J. F. Walvoord, 190–224, entre otros autores). De paso diré que casi todos los autores que he consultado repiten que la expresión «shabuim shibim» significa literalmente «setenta sietes», lo cual no es exacto, aun cuando es cierto que ambos términos tienen una raíz hebrea común.

27 La expresión hebrea «qodesh qodashim» puede significar el «Lugar Santísimo», «un sumo sacerdote», o ambas cosas a la vez: el sacerdote y el santuario. Aquí no cabe duda de que se trata del Mesías (comp. con Mr. 1:24; Lc. 1:35).

28 Esta es Ia traducción más natural, con el original a la vista; ¡y cuán bien encaja en la forma en que Cristo vivió y murió! ¡Siempre de prestado! Especialmente, en Su pasión y muerte: fue tenido por blasfemo en el tribunal religioso; por loco, en el del arte y el placer; por sedicioso, ante el tribunal político. Antes de morir, fue despojado de todas sus ropas; y, ya en la Cruz, otorgó el perdón a sus verdugos; el Reino, a un criminal; Su madre, a un discípulo. Y, cuando ya lo había perdido todo en este mundo, fue desamparado por Dios, ¿cabe mayor indigencia?

29 Es decir, las desolaciones decretadas por Dios (comp. con 8:25).

30 Véase mi libro Espiritualidad Trinitaria, 1.a Parte, cap 3.°, punto 1.

31 Dice la Biblia de Jerusalén, en nota a 9:27 (d): «Esta expresión (siqqusim mesomem), cuya traducción consagrada por el uso hemos conservado, debe evocar por una parte los antiguos baales, objeto de la idolatría en otro tiempo reprochada a Israel por sus profetas (siqqús es un equivalente despectivo de Baal, y so men es un juego de palabras con el título de esos baales fenicios «reyes de Is cielos», baal samen); y, por otra, al Zeus Olímpico, a quien se consagró el Templo de Jerusalén, cf.2 M. 6:2» (los subrayados son suyos).

32 Daniel, en The Wiclyffe Bible Commentary, p. 793. También lo afirman otros amilenaristas como Keil y Zöckler.

33 Véase Walvoord, Daniel, pp. 232–233.

34 Véase J. D. Pentecost, op. cit., pp. 190–192.

35 Después de la guerra de los siete días (año 1967), alguien le preguntó al general Moshe Dayán: «Parece ser que se han cumplido ya dos profecías muy importantes: 1) la restauración del Estado de Israel; 2) la reconquista de los territorios ocupados por los árabes. Pero queda una tercera: la reedificación del Templo, ¿cuándo será eso?» «No lo sé—respondió Dayán—, pero Dios puede enviar en cualquier momento un pequeño terremoto…» (Se refería, naturalmente, a la mezquita de Omar, que ocupa el lugar donde antes se hallaba el Templo.)

36 Las profecías de Daniel, p. 159 (véase toda la sección en páginas 149–172).

37 Op. cit., pp. 164–165.

38 Véase la lección 25.a del presente libro.

39 Véase J. D. Pentecost, op. cit., pp. 190–192.

40 Véase la lección 18.a

41 Así, sin el artículo que el profesor J. Grau, siguiendo a la versión RV 1960, ha añadido (op. cit., p. 160).

42 Op. cit., p. 192 (el subrayado es suyo. Más sobre el Anticristo, en la lección 24.a).

Francisco Lacueva, Escatología II, vol. IX, Curso de Formación Teológica Evangélica (Barcelona: Editorial Clie, 1997), 164–172.

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