El cientificismo como desafío teológico-filosófico

Introducción

¿Es la ciencia la respuesta a todos los problemas de la humanidad? Algunos piensan que sí. Durante buena parte del último siglo, la filosofía del cientificismo se ha ido posicionando silenciosamente en la cultura occidental. Según esta filosofía con apariencia de ciencia la verdad solo reside en aquello que puede ser demostrado empíricamente, toda proposición fuera de ella es cuestionable o sencillamente falso.

Esta postura se presenta como ciencia en sí misma, como sentido común básico, como pensamiento racional, sin embargo, es una tesis filosófica que no puede ser demostrada empíricamente como esta misma defiende. Este ensayo tiene el objetivo de examinar críticamente el cientificismo y como esta filosofía presenta desafíos serios para la fe y la teología cristiana.

El problema: ¿Qué es el cientificismo y por qué es relevante hoy?

Existen dos formas de cientificismo, el duro y el débil según Curtis (2011):

El cientificismo duro sostiene que la verdad depende exclusivamente de la comprobación y metodología científicas, rechazando cualquier certeza fuera de su dominio. Por su parte, el cientificismo débil reconoce verdades ajenas a la ciencia y les otorga una racionalidad mínima, aunque mantiene que el conocimiento científico es el más fidedigno de todos (p. 894).

Lo irónico de esta proposición es que no es una afirmación científica sino una proposición filosófica. Una tensión que se desarrollará con más detalle en la siguiente sección. El problema radica cuando esta proposición excluye cualquier afirmación no empírica. Lo cual deja en cierto sentido a la fe y a la religión excluidas de cualquier participación o diálogo sobre la verdad.

En palabras de Sweetman (2017) “el ámbito de lo racional es más amplio que el de lo científico, lo que significa que una afirmación o teoría puede ser respaldada por razones y aceptada como verdadera incluso si no se somete a pruebas científicas” (p. 511). Por ejemplo, la lógica pura, la ética, la metafísica y las matemáticas, son áreas donde hay verdades sólidas y racionales que la ciencia empírica no puede abarcar por sí sola.

Por lo tanto, el cientificismo es un problema para todas las ciencias no empíricas porque elimina cualquier límite de la investigación científica sobrepasando campos que la propia ciencia no tiene objetivo de estudio. Otro ejemplo bastante común es el intento de demostrar la existencia de Dios a través de la ciencia, como si la teología fuera un campo de estudio de las ciencias naturales.

Herramientas filosóficas para comprenderlo

            El cientificismo formula afirmaciones excesivas sobre la capacidad del método científico para abordar la totalidad de los problemas humanos, esta pretensión puede refutarse mediante tres argumentos filosóficos: la contradicción autorreferencial, la petición de principio y el problema del reduccionismo.

            El cientificismo es autodestructivo, si fuera verdadero, tendría que ser falso. Wallace y Moreland (2024) afirman “decir que la ciencia es la única forma de saber algo debe ser probado científicamente. Sin embargo, esto no se puede hacer. Esta idea no puede ser probada a través de ningún otro aparato científico” (p. 117) es una creencia filosófica sobre lo que se puede conocer.

            El cientificismo comete la falacia lógica de petición de principio, al asumir que a) todo lo real es físico, b) la ciencia estudia lo físico, por lo tanto, c) la ciencia es el único camino hacia la verdad. Este supuesto asume lo que intenta probar y plantea el naturalismo como explicación científica siendo este mismo de naturaleza filosófica.

            En tercer lugar, el cientificista observa la realidad en términos materialistas, reduce fenómenos que por su naturaleza no son reducibles a procesos físico-químicos, tales como la conciencia, la libertad, los valores morales y el sentido de la existencia humana. Al explicar la totalidad de la experiencia humana únicamente en términos de causas materiales, el cientificismo no logra dar cuenta de categorías como la intencionalidad, la racionalidad o la responsabilidad moral, que presuponen una dimensión no física del ser humano[1]. Por lo tanto, “el cientificismo representa así los peores abusos de la razón porque toma el deseo natural de investigar el mundo y lo extiende más allá de su alcance apropiado” (Boyd, 2014, p. 142).

            Estos tres argumentos no son exclusivos de la teología, pues la propia filosofía de la ciencia ha señalado límites similares. Karl Popper sostuvo que “toda teoría científica es provisional y debe permanecer abierta a refutación, negando la posibilidad de un conocimiento científico absolutamente cierto y demostrable” (Holder, 2017, p. 522).

Años más tarde, Thomas Kuhn mostró que las comunidades científicas operan dentro de paradigmas que determinan qué cuenta como pregunta legítima, y que el tránsito de un paradigma a otro no responde a una comparación puramente lógica entre teorías, sino que exige, en sus propias palabras, una decisión que “solo puede tomarse con base en la fe” (Kuhn, como se citó en Cruz, 2014, p. 50). Si ni Popper ni Kuhn conceden a la ciencia la certeza absoluta que el cientificismo le atribuye, la pretensión cientificista queda cuestionada desde dentro de la propia filosofía de la ciencia, no solo desde la teología.

Implicaciones para la fe y la teología

            Si el cientificismo fuera verdad, la teología y la fe no tendrían nada que aportar al significado de la vida. Aquellos que sostienen esta filosofía, según Bishop (2017) piensan que “la fe es vista como una categoría completamente separada del conocimiento y la verdad…la fe es concebida como una forma deficiente de creencia que carecía de evidencia” (p. 605). Esta filosofía presenta un gran desafío a la fe cristiana porque propone que la teología es una empresa destinada al fracaso.

            Como se ha explicado, el cientificismo carece de las bases epistemológicas para demostrar lo que propone en sí misma. La ciencia y la fe no necesitan excluirse mutuamente, la teología y la ciencia poseen discursos complementarios que pueden trabajar en conjunto. Siguiendo la clasificación de cuatro modelos propuesta por Ian Barbour:

Esta relación corresponde a un modelo de diálogo, e incluso de integración, en el cual ciencia y teología, sin fusionarse, se enriquecen mutuamente al abordar preguntas compartidas, a diferencia del modelo de conflicto que asume que solo una de las dos formas de conocimiento puede ser válida (Stump, 2017, p. 614).

La fe y la teología han sido el motor y base para diferentes científicos a través de la historia. La ciencia puede describir cómo funciona el cosmos y sus elementos, la teología apunta al arquitecto y fuente de la creación; la filosofía abre la posibilidad a la capacidad del hombre de señalar la mente diseñadora del cosmos, y la fe permite conocer de manera personal al agente creador de todo lo que existe. El cientificismo por sí solo es incapaz de lograr todo lo que la ciencia, la filosofía la fe y la teología pueden brindar desde diferentes perspectivas.

            En palabras de Collins (2003) “la cosmovisión cristiana ofrece un mejor hogar para la ciencia que cualquier otra cosmovisión” (p. 344). Esta es una proposición que se ha logrado probar a través de la historia de la ciencia hasta el día de hoy. La empresa que ha fracasado en tratar de responder las grandes preguntas de la vida ha sido la del cientificismo y no la de la teología y la filosofía[2].

Reflexión personal

            Diferenciar e identificar las premisas de un sistema filosófico es importante para evaluar el objetivo que se propone dicho sistema. El cientificismo intenta sobrevalorar los logros de las ciencias al punto de silenciar los aportes de otras ciencias. Las ciencias han dado grandes aportes a la humanidad, pero pretender que es la respuesta de todas las grandes preguntas de la vida es sencillamente dejar de hacer ciencia.

            Es importante establecer límites respecto a lo que la ciencia y la teología pueden afirmar ya que en diferentes debates, ambos campos han intentado sobrepasar los límites de lo que se puede decir. Por un lado, el cientificismo ha intentado hacer de la ciencia la respuesta a todas las preguntas, incluso aquellas que no son de carácter científico, por otro lado, algunas teologías han intentado convertir la Biblia en un libro de ciencias naturales, omitiendo el propósito de la revelación de Dios a su pueblo y a los autores bíblicos.

            Como escribe McGrath (2021) “si bien estas diferencias entre el cristianismo y las ciencias naturales deben ser respetadas y salvaguardadas, existen áreas importantes y productivas de diálogo, lo que permite el enriquecimiento potencial de cada participante” (p. 78). El cientificismo es un fracasado intento de alejar a las ciencias de su esencia y convertirla en un sistema filosófico que por su propia esencia esta destinado al fracaso.

Conclusión

            La fe, la ciencia y la filosofía pueden cooperar mutuamente y aportar diferentes perspectivas de la verdad. La verdad es algo más complejo que la descripción de cómo operan los elementos materiales de la naturaleza. La verdad no es esclava de una disciplina del conocimiento.

            Como dijo el filósofo inglés Arthur F. Holmes “toda verdad es verdad de Dios, todo lo que es verdadero, todo lo que puede ser conocido, pertenece a Dios porque Dios es la fuente de toda verdad” (como se citó en Anderson, 2014, cap. 7, párr. 3). En este sentido, la ciencia no puede responder a todas las grandes preguntas de la vida, Dios ha provisto revelar su verdad por los diferentes medios, sean naturales o sobrenaturales (la Biblia) pero toda verdad última proviene de Dios. Reconocer los límites de la ciencia es importante para poder llegar a la verdad.


[1] Otro ejemplo de esta postura entre sus adherentes es la afirmación de que “el amor no existe, es simplemente un proceso químico del cerebro”. Reducir así la realidad a sus componentes físicos implica, en cierto sentido, ignorar dimensiones de la experiencia humana que no se agotan en la explicación material.

[2] Estas disciplinas llevan siglos elaborando explicaciones y respuestas a las grandes preguntas de la vida desde sus campos de estudio. La naturaleza y limites de estas ciencias les permiten articular respuestas que las ciencias naturales no pueden articular.

Referencias

Anderson, H. (2014). Made for more: An invitation to live in God’s image. Moody Publishers.

Bishop, R. C. (2017). Science and modernity. En P. Copan, T. Longman III, C. L. Reese, & M. G. Strauss (Eds.), Dictionary of Christianity and Science: The Definitive Reference for the Intersection of Christian Faith and Contemporary Science. Zondervan.

Boyd, C. A. (2014). Chapter 3: The synthesis of reason and faith. En S. Wilkens (Ed.), Faith and Reason: Three Views. IVP Academic.

Collins, C. J. (2003). Science & faith: Friends or foes? Crossway.

Cruz, A. (2014). La ciencia, ¿encuentra a Dios?: El Creador frente a las últimas revelaciones científicas. Editorial CLIE.

Curtis, E. M. (2011). Proverbios. En S. L. Calçada (Ed.), Biblia de Estudio de Apologética: Preguntas reales, Respuestas directas, Fe más profunda. Biblias Holman.

Holder, R. (2017). Popper, Karl. En P. Copan, T. Longman III, C. L. Reese, & M. G. Strauss (Eds.), Dictionary of Christianity and Science: The Definitive Reference for the Intersection of Christian Faith and Contemporary Science. Zondervan.

McGrath, A. E. (2021). Chapter two: Dialogue view. En P. Copan, C. L. Reese, & S. N. Gundry (Eds.), Three Views on Christianity and Science. Zondervan Academic.

Stump, J. B. (2017). Science and theology. En P. Copan, T. Longman III, C. L. Reese, & M. G. Strauss (Eds.), Dictionary of Christianity and Science: The Definitive Reference for the Intersection of Christian Faith and Contemporary Science. Zondervan.

Sweetman, B. (2017). Philosophy of science. En P. Copan, T. Longman III, C. L. Reese, & M. G. Strauss (Eds.), Dictionary of Christianity and Science: The Definitive Reference for the Intersection of Christian Faith and Contemporary Science. Zondervan.

Wallace, S. W., & Moreland, J. P. (2024). Have we lost our minds? Neuroscience, neurotheology, the soul, and human flourishing. Wipf and Stock.