Una refutación a Dawkins
Por Joel Rivera
Introducción
Richard Dawkins en su libro “El Espejismo de Dios”[1] ha sostenido que la religión constituye una forma de espejismo colectivo, comparable a un trastorno psiquiátrico o incluso a un “virus mental” que infecta la mente humana. Esta afirmación, además de polémica, plantea un debate esencial sobre la naturaleza de la fe, la racionalidad humana y los criterios con los que identificamos la enfermedad mental.
El propósito de este ensayo es demostrar que la religión no puede considerarse una enfermedad mental, tanto porque no cumple los criterios diagnósticos establecidos por la psiquiatría moderna como porque, en la práctica, ofrece beneficios comprobables para la vida humana.
Asimismo, se analizará la debilidad lógica de la analogía del “virus cultural” propuesta por Dawkins y se atenderá una objeción común relacionada con los efectos dañinos de ciertas expresiones religiosas. A partir de este análisis, sostendré que patologizar la religión constituye un reduccionismo injustificado que ignora la complejidad psicológica y existencial de la experiencia religiosa.
La religión no cumple criterios clínicos de patología mental
Para que una creencia o conducta sea considerada un trastorno mental, debe cumplir criterios clínicos estrictos establecidos por manuales diagnósticos como el DSM-5 y la ICD-11. Estos criterios incluyen la presencia de síntomas que generen un deterioro significativo en el funcionamiento cotidiano o una angustia clínicamente relevante.
El DSM-5 señala que un trastorno solo puede diagnosticarse cuando “los síntomas son lo suficientemente angustiantes e incapacitantes para el individuo como para justificar atención clínica” (American Psychiatric Association, 2013, p. 20).
Asimismo, la ICD-11 subraya que los trastornos mentales implican “alteraciones clínicamente significativas en la cognición, la regulación emocional o el comportamiento de un individuo que refleja una disfunción en los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo” (World Health Organization, 2025).
La práctica religiosa ordinaria no cumple estos criterios. Las creencias religiosas no generan, en la mayoría de los casos, deterioro funcional, pérdida de contacto con la realidad o incapacidad emocional, sino que suelen integrarse de manera saludable en la vida psicológica del individuo. Por tanto, describir la religión como una enfermedad mental no es clínicamente justificable[2]. La clasificación psiquiátrica moderna no respalda la afirmación de que la fe, en sí misma, sea una forma de patología.
La religión produce beneficios verificables en la vida humana
La evidencia psicológica demuestra que la religión, lejos de constituir una patología, aporta beneficios verificables para la vida emocional, moral y existencial del individuo. James (1902) observó que “la experiencia religiosa cumple una función esencial, pues realiza una función que ninguna otra parte de nuestra naturaleza puede realizar con tanta eficacia y llega a convertirse en un órgano esencial de nuestra vida” (p. 41-42).
Del mismo modo, Allport (1950) distinguió entre una religiosidad inmadura y una religiosidad madura, señalando que esta última “favorece la integración de la personalidad y promueve actitudes como la humildad, la compasión y el amor al prójimo” (p. 73). Esto refleja la esencia de la fe la cual Dawkins no considera en sus observaciones.
Más recientemente, Pargament (1997) ha demostrado empíricamente que el “afrontamiento religioso positivo contribuye a la resiliencia, reduce el estrés y brinda un sentido de propósito durante experiencias difíciles” (p. 288). Incluso desde ciertos enfoques que señalan que la religión es el resultado directo o indirecto de la evolución Dirckx (2021) comenta que “los científicos están de acuerdo en que la arquitectura cognitiva que sostiene a la creencia religiosa ha ayudado a la humanidad a sobrevivir” (p. 188). Es imposible negar los beneficios de la fe así que Dawkins simplemente los minimiza y considera mayormente los casos en los que los extremos de la religión han sido perjudiciales.
Estos estudios muestran que la religión no solo no deteriora la salud mental, sino que puede fortalecerla, ofreciendo recursos psicológicos que ayudan al individuo a enfrentar la vida de manera más estable y significativa. Parece que Dawkins ignora selectivamente esta evidencia en su crítica de la religión.
La analogía de Dawkins del “virus cultural” es lógicamente débil
La comparación que hace Dawkins entre la religión y un “virus cultural” resulta filosófica y lógicamente deficiente, porque se basa en una analogía inexacta que confunde procesos biológicos con fenómenos cognitivos y culturales. Dawkins (2006) sostiene que “el cerebro humano, especialmente el del niño, es vulnerable a la infección por virus mentales que se transmiten de generación en generación mediante la religión” (p. 126).
Sin embargo, esta analogía carece de sustento científico, pues las ideas no se replican de manera mecánica ni automática como los organismos biológicos; requieren interpretación, agencia y contexto. Como observa McGrath (2007) “la teoría memética de Dawkins no posee apoyo empírico serio y opera más como metáfora especulativa que como explicación científica” (p. 73).
De manera similar, Lennox critica que la metáfora viral reduce indebidamente la complejidad de la religión, ya que ignora sus dimensiones racionales, morales y existenciales: “las ideas no infectan a las personas como virus; son evaluadas, aceptadas o rechazadas por agentes racionales” (Lennox, 2011, p. 17). Estas objeciones muestran que la analogía de Dawkins no solo es científicamente insostenible, sino conceptualmente engañosa, pues simplifica la dinámica humana del pensamiento y sustituye la argumentación por un lenguaje biológico inapropiado.
Objeción y respuesta
Una objeción frecuente sostiene que, aunque la religión no sea clínicamente patológica, ciertos comportamientos religiosos pueden volverse dañinos o irracionales, dando la impresión de una “infección cultural” similar a la que describe Dawkins. Esta crítica se apoya, en parte, en la teoría del meme según la cual algunas ideas se “reproducen culturalmente como si fueran unidades auto copiantes, incluso cuando resultan perjudiciales para los individuos o la sociedad” (Dawkins, 2006, p. 117). Desde esta perspectiva, algunas formas extremas de religión podrían parecer funcionar como “memes destructivos”.
No obstante, esta objeción falla en dos puntos fundamentales. Primero, confunde los abusos de la religión con su esencia. Como señala Lennox (2011) “el hecho de que existan distorsiones religiosas no implica que la religión en sí sea irracional o dañina; los abusos se deben a la acción humana, no al contenido esencial de la fe” (p. 38).
Segundo, incluso aceptando la categoría de “memes”, la teoría memética no proporciona evidencia empírica que permita clasificar a la religión como un virus cultural. Como señala McDowell (2010) “la teoría memética de Dawkins carece de fundamento científico sólido. No existe evidencia científica que demuestre la existencia de memes, y el propio Dawkins admite que no sabe “qué están hechos los memes o dónde residen”, reconociendo que carecen de un marco científico comparable al de los genes” (p. 126). De modo que, aunque existan expresiones religiosas dañinas, estas no justifican patologizar la religión en su totalidad ni sostener que opera como una “infección mental”.
Por lo tanto, la objeción reconoce un fenómeno parcialmente verdadero: la existencia de distorsiones religiosas. Sin embargo, lo interpreta de manera falaz al generalizarlo. El problema no está en la religión en sí, sino en la agencia humana y en los usos desviados que algunas personas o grupos hacen de ella.
Y esto no es un problema exclusivo de la religión. también se encuentra presente en otros sistemas ideológicos[3]. Por tanto, la religión no puede clasificarse como un meme destructivo ni como virus cultural, y la objeción no logra refutar la tesis central del ensayo.
Conclusión
La afirmación de Dawkins de que la religión constituye una enfermedad mental no puede sostenerse ni clínica ni lógicamente. Desde la psiquiatría la fe no cumple con los criterios para ser diagnosticada un trastorno. De hecho, los estudios referidos anteriormente señalan que la religión puede desempeñar beneficios a la salud mental de las personas. La analogía de “virus” carece de fundamento empírico y conceptual como se ha demostrado.
La crítica de Dawkins sobre la religión apunta a una de las más grandes falacias del ateísmo militante. La generalización de casos aislados o expresiones distorsionadas de la religión no representan la esencia de esta ni justifica las críticas que este ha realizado. Este tipo de falacias crean una caricatura (hombre de paja) donde no reflejan la base de las ideas que desean evaluar.
La tesis central queda confirmada: la religión no puede clasificarse como una enfermedad mental ni como mecanismo viral destructivo. Cualquier evaluación seria debe considerar su complejidad psicológica, histórica y existencial, evitar reduccionismo que simplifican de manera injusta la experiencia humada de lo sagrado.
Bibliografía
Allport, G. W. (1950). The individual and his religion: A psychological interpretation. Macmillan.
American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).
Dawkins, R. (2006). The God delusion. Bantam Press.
Dirckx, S. (2021). ¿Soy solo un cerebro? Editorial CLIE.
James, W. (1902). The varieties of religious experience: A study in human nature. Modern Library.
Lennox, J. (2011). Gunning for God: Why the new atheists are missing the target. Lion Books.
McDowell, S., & Morrow, J. (2010). Is God just a human invention? And seventeen other questions raised by the New Atheists. Kregel Publications.
McGrath, A., & McGrath, J. C. (2007). The Dawkins delusion? Atheist fundamentalism and the denial of the divine. IVP Books.
Pargament, K. I. (1997). The psychology of religion and coping: Theory, research, practice. Guilford Press.
World Health Organization. (2025). ICD-11: 6A40 – Trastorno mental. https://icd.who.int/browse/2025-01/mms/es#334423054
Notas al pie:
[1] El espejismo de Dios no es simplemente una declaración de incredulidad, sino una defensa amplia del naturalismo, al afirmar que el universo/multiverso es todo lo que existe y que no hay realidad más allá de la materia y la energía
[2] Esta interpretación negativa de la religión no es exclusiva de Dawkins; algunos profesionales de la salud mental también señalan efectos potencialmente perjudiciales asociados a ciertas prácticas religiosas, aunque aclaran que estos no constituyen patología inherente.
[3] Es importante reconocer la selectividad con la que algunos académicos utilizan la evidencia, privilegiando únicamente los datos que favorecen su crítica o defensa. Sin embargo, omitir deliberadamente la evidencia que debilita un argumento no lo fortalece, sino que lo vuelve conceptualmente más vulnerable.
