La profecía contra Elam en Jeremías 49:34-39 constituye una de las declaraciones más enigmáticas dentro de la colección de juicios contra las naciones. A diferencia de otros oráculos, esta profecía no menciona pecados específicos ni alude a ciudades concretas. Más bien, se enfoca directamente en una intervención divina: “Yo quebraré el arco de Elam, la fuente principal de su poder” (Jer 49:35). Esta expresión revela el juicio de Yahvé sobre un reino que en su tiempo era famoso por sus arqueros (cf. Is 22:6), y cuya fortaleza militar sería completamente desmantelada por Dios mismo.
Históricamente, Elam fue una nación prominente al este del río Tigris, en lo que hoy conocemos como Irán. Su capital, Susa, fue conquistada por Asurbanipal en 647–646 a.C., y luego se convirtió en centro del imperio persa¹. Aunque algunos han interpretado la profecía como cumplida parcialmente cuando Elam fue absorbida por Persia y posteriormente jugó un rol en el ascenso de ese imperio, el lenguaje de Jeremías sugiere algo más profundo y aún futuro².
La frase “al final de los días” (Jer 49:39) es clave para entender la dimensión escatológica del mensaje. Este tipo de expresión aparece en otros pasajes proféticos para señalar eventos relacionados con el día del Señor: ese tiempo futuro donde Yahvé intervendrá en la historia con juicio y restauración. Es notable que, en esta profecía, Dios no solo promete juicio y dispersión global (“los esparciré a los cuatro vientos”, v. 36), sino también establece un propósito redentor: “al final de los días restauraré el bienestar de Elam” (v. 39).
Esa restauración no se ha cumplido de forma visible en la historia bíblica. Si bien Hechos 2:9 menciona elamitas en Pentecostés, estos no eran gentiles descendientes de Elam, sino judíos de la diáspora que vivían en la región de la antigua Elam. Su presencia en Jerusalén confirma la dispersión de judíos por todo el mundo antiguo, pero no representa un cumplimiento directo de la restauración nacional de Elam.
En este sentido, la profecía contra Elam permanece en parte sin cumplir. Según Charles Feinberg, la expresión “en días venideros” indica una dimensión futura, vinculada al juicio final y a la soberanía universal de Dios sobre las naciones³. Walter Kaiser añade que, al igual que en otras promesas similares dirigidas a Moab y Amón (Jer 48:47; 49:6), Elam también tiene su lugar en el plan global de restauración divina⁴.
Es posible, entonces, que Elam —o su equivalente moderno, Irán— tenga un papel específico en el día del Señor, aún por manifestarse. El juicio anunciado no solo incluye destrucción y dispersión, sino también un acto soberano de Yahvé al declarar: “Pondré mi trono en Elam” (Jer 49:38), lo cual implica una afirmación de dominio divino en una región que históricamente ha sido resistente a su señorío.
En definitiva, esta profecía revela el alcance universal del gobierno de Dios. Elam, símbolo de poderío militar e independencia, será quebrantado por Yahvé, dispersado por su juicio, y finalmente restaurado por su gracia. Esta dinámica de juicio y restauración, tan presente en los profetas, apunta hacia un día en el que todas las naciones reconocerán la gloria del Señor, sea por medio del juicio o de la redención.
Notas al pie
[1] Charles L. Feinberg, “Jeremiah,” en The Expositor’s Bible Commentary: Isaiah, Jeremiah, Lamentations, Ezekiel, ed. Frank E. Gaebelein, vol. 6 (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1986), 671.
[2] Walter C. Kaiser Jr. y Tiberius Rata, Walking the Ancient Paths: A Commentary on Jeremiah (Bellingham, WA: Lexham Press, 2019), 540–541.
[3] Feinberg, “Jeremiah,” 671.
[4] Kaiser y Rata, Walking the Ancient Paths, 541.
