Los «sinópticos»
La palabra «EVANGELIO» se deriva del griego y significa buenas nuevas o noticias. Los evangelios son las «buenas nuevas» en Jesús, proclamadas y vividas. A los tres primeros evangelios se los llama sinópticos (término acuñado en el siglo XVIII) porque los tres tienen un punto de vista común y se asemejan en el tema, orden y lenguaje. En otras palabras, los tres resumen la vida y enseñanzas de Jesús, y a menudo emplean los mismos materiales. Póngaselos en columnas paralelas, y este hecho saltará inmediatamente a la vista. (Véanse también los cuadros de parábolas y milagros al final de esta sección sobre los evangelios).
Fuentes de los sinópticos
Los sinópticos se valieron de algunas fuentes para obtener materiales. La investigación erudita nos dice que probablemente Marcos se escribió primero. Afirma que los materiales de Mateo y Lucas, que aparecen también en Marcos, quizá derivan de este último. Entre los argumentos a favor de esta tesis hallamos: (1) Marcos no incluye casi nada (fuera de detalles) que no esté en Mateo o Lucas. (2) Cuando varía el orden en que el material aparece, Lucas concuerda con Marcos en donde Marcos y Mateo difieren, y Mateo concuerda con Marcos en donde Marcos y Lucas difieren. (3) Mateo y Lucas no concuerdan nunca en el orden de presentación comparado con Marcos. (4) Seiscientos seis de los seiscientos sesenta y un versículos de Marcos aparecen en Mateo, y trescientos ochenta de los de Marcos aparecen con poca modificación en Lucas. Hay en Marcos únicamente treinta y un versículos que no aparecen en Mateo ni en Lucas. Además de estos cuatro factores, parece que aun en muchos detalles el primero y el tercer evangelios se derivan de Marcos. Por tanto, de acuerdo a esta tesis, Marco es fuente principal de datos sinópticos. Pero, ¿qué decir de los materiales comunes a Mateo y Lucas que no aparecen en Marcos? listos (más de 200 versículos) proceden de una fuente llamada «Q» (de la palabra alemana Quelle, «fuente»). La tal «Q» nunca ha sido encontrada en forma manuscrita; es solamente una forma conveniente de indicar una fuente común de datos sinópticos. Esa fuente común, así como las demás fuentes, circuló al comienzo oralmente. A los judíos se les enseñaba a aprender de memoria y repetir vez tras vez sus dichos sagrados. Las palabras de Jesús produjeron tal impacto en la mente y corazón de los oyentes, que éstos se vieron impelidos a repetirlas vez tras vez. En alguna forma semejante crecieron las tradiciones orales, se propagaron y finalmente se hicieron constar por escrito. Hay prueba de que existieron por escrito dichos de nuestro Señor (llamados «Logia»), y quizá se escribió más de una fuente de sus dichos. Al analizarlo, resulta que «Q» consiste en su mayor parte en dichos de nuestro Señor. Quizá proceda de una fecha tan temprana como 50 D.C. y se cree que tuvo origen en Antioquía de Siria, cuna del cristianismo gentil («Q» pone énfasis en los gentiles).
No todos los eruditos aceptan dicha reconstrucción sino que piensan que Mateo fue escrito primero. Dicha afirmación tiene respaldo en la iglesia primitiva.
Ireneo, uno de los padres de la iglesia temprana, escribió acerca del origen del Evangelio:
Entonces Mateo publicó el libro del evangelio entre los hebreos en su propio dialecto, mientras Pedro y Pablo predicaban el Evangelio en Roma y fundaban la iglesia. Muertos (idos) ellos, Marcos, el discípulo e intérprete de Pedro, nos trasmitió por escrito lo que Pedro predicaba.
También Lucas, el seguidor de Pablo, escribió en un libro el Evangelio predicado por Pablo. Luego Juan, el discípulo del Señor que se reclinó en su pecho, también publicó un evangelio mientras residía en Éfeso, Asia.
Si este relato es digno de crédito, nos proporciona diferentes datos respecto a las fuentes del Evangelio. Mateo fue escrito primero. Marcos obtuvo de Pedro su material; Lucas obtuvo parte del suyo de Pablo y el Evangelio de Juan se escribió por último en Éfeso.
Propósito de los evangelios
El verdadero propósito de los evangelios era presentar a Jesús y el plan de salvación. En efecto, estos cuatro breves libros constituyen la fuente primordial de conocimiento respecto a Jesucristo y la salvación que ofrece. Ireneo, refiriéndose a los escritores del Evangelio, decía: «Hemos aprendido el plan de salvación nada menos que mediante aquellos por los cuales nos llegó el Evangelio».
Implícita en la salvación está la vida de Jesús —su nacimiento, enseñanzas, ejemplo— pero la gran importancia de su muerte y pasión resalta en el hecho de que una tercera parte de los sinópticos y la cuarta parte del cuarto evangelio están dedicadas a la cruz y a la preparación de Jesús para la crucifixión, todo lo cual culminó en el milagro céntrico de la Biblia: la resurrección.
Donald E. Demaray, Introducción a la Biblia (Miami, FL: Logoi. Inc., 2001), 181–184.
