Introducción
Este escrito presenta una descripción breve de los profetas con un enfoque en Ezequiel, Daniel y Malaquías. Estos profetas estuvieron ejercieron su ministerio durante el periodo exílico y postexílico. Los profetas fueron relevantes, tanto por su vida como por el mensaje que portaron. Aunque su mensaje en ocasiones implicaba que un juicio inminente se aproximaba, no dejaron a un lado la restauración.
Los profetas que se han señalado vieron el panorama escatológico de Dios, donde Yahvé hace notoria la salvación final. Se observará como se conecta este mensaje con Jesús, el Mesías de Israel y como los autores del NT hacen eco de los profetas. Todo esto debe guiar al lector a comprender la validez del mensaje de los profetas como vigente en nuestros días, para vivir de forma expectante en compromiso hacia Dios.
Ezequiel, Daniel y Malaquías
Los profetas del exilio y postexilio son relevantes porque abarcan gran parte de la historia final de Israel.[1] El profeta Ezequiel escribió durante el exilio, es posible que las visiones y los oráculos de su libro sean del año 593–571 a.C.[2] Ezequiel se encontraba exiliado en Babilonia a causa del rey Nabucodonosor, ya que este había deportado gran parte del pueblo de Israel. La vida de este profeta fue difícil porque que experimentó perdida familiar, vio la decadencia de su pueblo, específicamente en el sacerdocio.
Ezequiel se centró en las prácticas del culto y el templo. Fue testigo de la idolatría que se vivía, no obstante, Dios lo uso como portador de su palabra (Ez 2–3). También fue testigo de la gloria del Señor (Ez 10). Su ministerio está marcado por una escena donde ve como Dios restaura de nuevo a su pueblo y el templo (Ez 36–48).
El otro profeta del exilio fue Daniel, este fue testigo del levantamiento del Imperio Babilónico y de su caída, ya que escribió durante dos reinos (Babilonia y Medopersa). La fecha en que se escribió Daniel es sumamente controversial. Desde la perspectiva conservadora se puede ubicar a finales del siglo VI a.C.[3] Sin embargo, más importante que la fecha, es el mensaje que traza el profeta; este utilizó un estilo diferente a Ezequiel y Malaquías, ya que el estilo que uso apunta más a una narrativa que a una profecía, pero no se puede negar que sus escritos envuelven lo apocalíptico y profético.
Además de esto, su carácter como un hombre sabio y fiel a Yahvé marca una pauta para que el pueblo entienda que se puede ser fiel a Dios aún en medio de una cultura pagana y una tierra extraña (Dn 3; 6). Daniel traza la historia de los reinos paganos, siendo derrotados por el reino Mesiánico (Dn 2:34–45; 7:9–27). Todo este escenario apunta a la restauración final.
Tanto en la escritura hebrea como la cristiana, Malaquías es visto como el último profeta. Su ministerio es postexílico y abarca el periodo luego de la restauración del templo, esto no aclara del todo la fecha, pero su mensaje parece tener cierto paralelismo con Esdras y Nehemías. Una posible fecha puede ser 450 a 430 a.C.[4] Poco se sabe de la vida de Malaquías, algunos afirman que no fue un personaje real, ya que su nombre significa “mensajero de Dios”. Pero lo importante es el mensaje que trajo, que abarcaba tanto el juicio como la restauración. Era un llamado al arrepentimiento y al amor genuino a Dios.
El día del Señor en los profetas
El mensaje que predomina en los profetas es “el día de Yahvé (Señor)”. Este mensaje abarca el juicio inminente que experimentaría el pueblo de Judá, pero también señalaba la restauración final de Israel. El profeta Ezequiel ve el día Yahvé en la invasión de Gog y Magog (Ez 38–39). Daniel abarca este periodo utilizando el término “el tiempo del fin” (Dn 8:17, 19; cf. cap. 12).[5] Malaquías es el más explícito en cuanto al juicio y la represión, ya que finaliza su libro hablando del día de Yahvé en todo su esplendor. Otros profetas como Joel, Amos y Jeremías hacen hincapié en este día, enfocándose en lo terrible que será; sin embargo, Malaquías al final presenta un panorama de restauración que trae esperanza para el pueblo (Mal 4:2).
El “día” que anunciaron los profetas es donde se ve a Dios actuar en juicio, esperanza y restauración. Estos tres temas son los más predominantes en los profetas, ya que apelan a la justicia de Dios y promueven la consolación de los oprimidos, sea por injusticia social o por el propio pecado. Además, estos temas están dentro de la historia de redención. Por lo tanto, si se entiende que el día de Señor traerá el acto final en el drama de Dios, se puede tener una comprensión clara de la “historia bíblica”, donde al final Dios logra vencer mal con el bien.
La voz de Dios con los profetas
No hay duda de que Dios haya hablado a través de sus profetas. Lo hizo a través de visiones, oráculos y aún la situación misma del pueblo era un cumplimiento claro de cada palabra que los profetas habían dictado. Los símbolos que se ven impregnando en los escritos de estos profetas señalan que Dios ha sido claro en cuanto su mensaje, el Señor desea que su pueblo se vuelva a él, con un corazón humillado y que brinden un servicio santo, alejados de la idolatría y el pecado.
No todos estaban dispuestos a obedecer este llamado. Por eso a veces las escenas suelen ser lúgubres. Pero de ningún modo esto refleja un carácter malévolo de Dios. Al contrario, la soberanía de Dios es expuesta en su tono más alto, ya que él usa la adversidad y los enemigos de su pueblo para manifestar su gloria y su poder.
El mensaje de los profetas en la predicación del siglo XXI
El evangelio no cancela el mensaje de los profetas. De hecho, la esperanza de los profetas, como se mencionó anteriormente, era la restauración. Este mensaje brindaba esperanza y la expectativa de que Dios algún día establecería su reino en la tierra. El mensaje del evangelio como se describe en el contexto mismo de “los evangelios” hablan del reino de Dios acercándose a la tierra por medio de la persona de Jesús (Mt 4:23; Mr 1:1; 14-15; Lc 4:18).[6]
Este mensaje del evangelio tiene cierto paralelo al de los profetas, ‘Dios va a intervenir en la historia’. Ahora lo hará a través del Mesías, esto traerá la salvación al cosmos y la humanidad. De alguna forma, los profetas previeron esto. Aunque su mensaje no era tan claro, y estaba oculto por medio de visiones o símbolos apocalípticos, entendieron que al final, todo volvería hacer como al principio; esa fue la oración de Jeremías luego de ser testigo del juicio de Dios (Lm 5:21).
Todo esto nos lleva a ubicar a Jesús como el personaje principal de la historia de redención, es decir del teodrama. Los profetas, aunque no todos, señalaron una figura davídica o mesiánica que pondría fin al caos, tipificado por el dragón que ha intentado a lo largo de la historia usurpar la autoridad que Dios delego al hombre (cf. Apo 12; Dn 12). Para que el hombre pueda ser posicionado como se encontraba en el Edén (Gn 1–3), primero, Dios deberá actuar,[7] para traer juicio, derrotar los enemigos y restaurar todas las cosas (cf. Ap 19–22).
A largo del NT este mensaje es confirmado y de alguna forma amplía la visión de los profetas. Se puede afirmar que el uso que hacen los autores del NT acerca de los profetas es objetivo y logran simplificar el mensaje del evangelio: Dios salvará a su pueblo para que reinen con él; esto será mediante el juicio; sí, de hecho, el juicio dará a luz a la redención holística que Dios preparo de antemano. ¿Se puede percibir que los profetas anunciaron el evangelio? Si hay duda de eso, solo basta con una mirada panorámica del profeta Isaías.
Jesús como modelo de profeta
En el inicio del NT hubo un aparente silencio, muchos grupos religiosos se levantaron: fariseos, saduceos y esenios.[8] Sin embargo, se rompe el silencio con Juan el Bautista predicando en el desierto, llamando a las personas al arrepentimiento (Mt 3:1–12). Este personaje estaba cumpliendo la profecía de Malaquías (cf. Mal 3:1).[9] También presenció la escena donde Jesús era expuesto por el padre como la autoridad máxima (Mt 3:13-17; cf. Heb 1:1–2).
Jesús operó como un profeta en el sentido de que fue la voz de Dios en la tierra. Dio continuidad al mensaje de los profetas cuando se presentó como el Hijo de Hombre (cf. Daniel 7:9–14). En el sermón de los Olivos (Mt 24–25; Mr 13; Lc 21) se puede ver el uso que se hace del libro Zacarías, como ese escenario no solo presenta a Jesús como el verdadero profeta que Israel esperaba (confirmado por el anuncio de juicio que hace sobre Jerusalén, Mt 23:37-39), la idea trasciende cuando se presenta a Jesús como el Mesías, pero a la vez se ve como Yahvé mismo actuando a favor de su pueblo (Zac 14:1–5; cf. Mt 24:29-31). Esto muestra que Jesús cumplió el rol de profeta, y que los autores del NT hicieron uso de los profetas para darle claridad al mensaje de Dios.
Aplicando el mensaje a nuestro contexto
Los profetas dejaron un mensaje claro a sus receptores. ¡Representen correctamente a Yahvé a través de la lealtad a su pacto! ¡Lleven su nombre a las naciones! Pero, el pueblo fallo la encomienda. La idolatría fue el pan de cada día (cf. 1 Co 13:1–14). Este ejemplo negativo debe llevar a la iglesia a meditar en sus caminos, similar a lo que dice Jeremías: “pregunten por los senderos antiguos” (Jr 6:16). ¿Por qué debemos ser leal a nuestro Dios?
Creo que el mensaje de los profetas es retroactivo, lleva a sus lectores al éxodo y esto a la salvación. ¿No debemos hacer lo mismo? Es decir, presentar atención a la voz de Dios, pues él nos salvó, nos hizo partícipe de su reino (cf. Col 1:13). Este efecto tiene que ser notable para aquellos que están de espaldas a Dios. Hay un llamado similar al que ejercieron los profetas. El Señor vino para traer salvación a todos (Jn 3:16) y vendrá para traer juicio y la restauración final.
Conclusión
Leyendo a los profetas no me queda la duda de que las Escrituras son veraz. Este mensaje confirma que Dios es misericordioso con su pueblo. También reafirma lo sobrenatural. Si Dios actuó en el pasado de forma sobrenatural (como las profecías), milagros y señales maravillosas, creo que lo puede hacer en el presente. El mensaje de los profetas lleva al lector a no limitar a Dios. A descansar en su soberanía.
El marco histórico que vivieron los profetas funciona como un tipo de lo que Dios hará en el futuro. Las figuras del éxodo que están presente confirman que Dios nos salvará y que la esperanza no será derribada. El Dios que actúo en el pasado, está obrando en presente a través de este mensaje profético que nos lleva a la reflexión y una vida alejada del pecado con profundo agradecimiento y amor hacia él.
¿Qué podemos concluir con el mensaje de los profetas? Basta con esta afirmación: ¡Él reinará por siempre!
[1] En este escrito “Israel” abarca tanto el reino del Norte (Efraín) como el reino del Sur (Judá).
[2] Brian Peterson, «Ezequiel, Libro de», ed. John D. Barry y Lazarus Wentz, Diccionario Bíblico Lexham (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).
[3] La referencia al tercer año de Ciro en Da 10:1, alrededor de 536/35 a.C., es el último evento mencionado que involucra a la persona de Daniel, y esto sugeriría que el libro fue escrito poco después de esta visión final dada a Daniel. J. Paul Tanner, Daniel, ed. H. Wayne House y William Barrick, Comentario Exegético Evangélico (Bellingham, WA: Editorial Tesoro Bíblico, 2021).
[4] Muy probablemente, en tiempos de Malaquías se estaba reedificando o ya se había terminado el muro de Jerusalén (por la gente de Nehemías). Craig S. Blaising, «Malaquías», ed. John F. Walvoord y Roy B. Zuck, El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Antiguo Testamento, tomo 6: Daniel-Malaquías (Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C., 2001), 313.
[5] Para una descripción detallada de este periodo desde la perspectiva de Daniel, veáse, Stefanos Mihalios, The Danielic Eschatological Hour in the Johannine Literature, ed. Mark Goodacre, vol. 436, Library of New Testament Studies (London; New Delhi; New York; Sydney: Bloomsbury, 2012).
[6] Una imagen interesante es la que afirma Ratzinger: “El reino de Dios se encuentra en él, pero de tal modo que puede pasar inadvertido, fuera del alcance de la observación, que intenta medir síntomas o hacer cálculos con las constelaciones.” Joseph Ratzinger. Escatología: La muerte y la vida eterna (Herder Editorial, 2012). Edición de Kindle. 51-52.
[7] El acto de Dios se ve en “el día del Señor”; también visto en el NT como el día de Cristo/Jesucristo (1 Co 1:7-8; Fil 1:6, 10; 2:16) o en 2 Pedro como el día de Dios (3:12). Esto también muestra la forma en que los autores del NT se apropiaron de las imágenes del AT en los profetas.
[8] ¿Quiénes son los esenios? “Esta secta parece haber tenido su inicio en el siglo II a.C., y parece haber desaparecido con la destrucción de Jerusalén. Por la época de Cristo, estaba constituida por hombres que se daban al ascetismo en mayor o menor grado. Con la esperanza de escapar a las impurezas rituales, se constituían en colonias separadas”. Samuel Vila Ventura, Nuevo diccionario bíblico ilustrado (Terrassa, Barcelona: Editorial CLIE, 1985), 327.
[9] Malaquías dirigió la atención de los cuestionadores faltos de fe y esperanza (2:17) hacia el futuro. Aunque algunos entienden la frase mi mensajero (mal’āḵî) como referencia al autor humano o a un ángel, parece mejor considerarlo como un profeta futuro. Jesús explícitamente identificó a esa persona con Juan el bautista (Mt. 11:7–10). El hecho de que ese mensajero prepararía el camino del Señor, armoniza con Isaías 40:3 (cf. Jn. 1:23). La venida del mensajero sería la primera de dos partes de un evento escatológico. La segunda sería el primer advenimiento del Señor. Craig S. Blaising, «Malaquías», El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Antiguo Testamento, 313.
Escrito por Alfredo J. Velázquez
14 de noviembre de 2023
