Un futuro para la tierra de Israel

Muchos cristianos piensan que los autores del Nuevo Testamento no se enfocan en la pequeña tierra de Israel, sino en todo el mundo. Como prueba citan la bienaventuranza de Jesús en Mateo 5:5: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra [el mundo] por heredad». Sin embargo, cada vez más eruditos reconocen que una mejor traducción de este versículo sería: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra prometida». Sin dudas, Mateo tradujo al griego el Salmo 37:11, en donde se reconoce universalmente que el hebreo érets hace referencia a la tierra de Israel. De hecho, cuatro versículos más en dicho Salmo repiten la frase «heredarán la tierra», con clara referencia a la tierra de Israel. Lo que implicaba es que los discípulos de Jesús podrían disfrutar de ella en la era que se describe más adelante en este mismo Evangelio como la palingenesía o «la regeneración» (Mat. 19:28).

Antes de que Jesús ascendiera, Sus discípulos le preguntaron: «… ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?» (Hech. 1:6). Jesús no les reprendió por pensar que Dios establecería un futuro Israel; en su lugar señaló que aún no era momento de revelar cuándo sucedería la restauración.

De la misma forma en que Pablo predijo que algún día «todo Israel será salvo», también indicó que «el Libertador» de Israel «vendrá de Sion» y apartaría la «impiedad» de Jacob (Rom. 11:26). Nuevamente, para Pablo, la tierra de Israel tenía un futuro con un destino especial para los judíos.

No obstante, también contemplaba un futuro especial para la tierra de Israel. En su segundo discurso en Jerusalén, después del milagro de Pentecostés, Pedro habló de una futura apokatástasis o restauración que vendría (Hech. 3:21). Esta era la palabra griega utilizada en la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento que la iglesia primitiva utilizaba) para el futuro regreso de los judíos a la tierra de Israel a fin de establecer la nación judía.34

El Libro de Apocalipsis también muestra que Israel, como una tierra en particular, tiene lugar en el plan de Dios para el futuro. Se nos dice que el Cordero no se paró en la tierra en general, sino en el «monte de Sion» (Apoc. 14:1). La nueva tierra que vendrá tendrá a Jerusalén como su centro y esa nueva Jerusalén tendrá doce puertas inscritas con los nombres de «las doce tribus de los hijos de Israel» (21:2,12). En algún punto las naciones hollarán la «ciudad santa» de Jerusalén por 42 meses. El autor deja claro que esta ciudad santa es «donde también nuestro Señor fue crucificado» (11:2,8).

Los cristianos tienen razón al señalar que la Biblia habla de que todo el mundo será renovado. Pero no todos los cristianos han observado que el centro de la tierra renovada será Israel.

34 «[…] los volveré [apokatástasis] a su tierra, la cual di a sus padres» (Jer. 16:15); «Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré [apokatástasis] a esta tierra» (Jer. 24:6). «Y volveré a traer a Israel [apokatástasis] a su morada» (Jer. 50:19 [27:19 Septuaginta]); «Como ave acudirán velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y los haré habitar [apokatástasis]en sus casas, dice Jehová» (Os. 11:11).

Gerald R. McDermott, Israel importa: por qué los cristianos debemos pensar de manera distinta sobre el pueblo de israel y su tierra (Nashville, TN: B&H Español, 2018), 47–48.

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